domingo, 19 de abril de 2026

Artículo Atención Farmacéutica 3 - Toma correcta de la tensión arterial

En este artículo, el tercero de la serie dedicada a la atención farmacéutica, entendida como todas aquellas aportaciones que, desde la oficina de farmacia, se pueden realizar para mejorar la salud de los pacientes, daremos una serie de recomendaciones a aquellas personas que tienen que vigilar su tensión arterial, en particular sobre cómo realizar la toma de la tensión arterial de manera adecuada.

La hipertensión arterial es un factor de riesgo de padecer problemas cardiovasculares serios, como por ejemplo un ictus o un infarto de miocardio. Esto significa que las personas hipertensas tienen mayor riesgo de sufrir estos problemas mayores. Un paciente que haya sido diagnosticado de hipertensión arterial debe incluir en su rutina la toma periódica en su hogar de sus cifras de tensión arterial, para luego comunicarlas al personal sanitario encargado de su seguimiento, con el fin de tomar la mejor decisión en cuanto a las pautas de tratamiento a seguir, y que incluyen no sólo medicamentos, sino también estilo de vida general como alimentación o actividad física.

Los puntos que vamos a tratar en este artículo son los siguientes: 1) Cómo debe prepararse el paciente de manera previa a la toma de la tensión arterial, 2) cual debe de ser la posición correcta en dicha medida, 3) normas generales en el uso de los dispositivos de medida de la tensión arterial, 4) recomendaciones en el momento de realizar la medición y anotar los resultados obtenidos, y 5) destacar las ventajas que presenta la toma de la tensión arterial por parte del propio paciente y en su domicilio particular frente a la toma en instalaciones de tipo sanitario.

Pues bien, comenzamos con el primer punto a tratar.

1) Preparación del paciente. Antes de proceder a la toma de la tensión arterial, el paciente debe estar debidamente preparado, debiendo cumplir una serie de indicaciones que pasamos a comentar: En la media hora anterior a la toma de la tensión, el paciente no debe haber fumado, ni haber tomado bebidas con cafeína, ni haber realizado ejercicio físico. Estas tres circunstancias que hemos comentado pueden alterar la validez del valor obtenido, y por ello deben evitarse.

5 minutos antes de la medición, el paciente debe sentarse, de manera tranquila, para tratar de relajarse un poco. Y también es muy recomendable haber pasado por el baño para hacer pipí, ya que si no lo hacemos, la sensación de vejiga llena de orina aumenta el nerviosismo y puede alterar la medición.

2) Sobre la correcta posición del cuerpo cuando vayamos a tomar la tensión arterial. Se aconseja sentarse en una silla, por la altura mayor al suelo respecto a sentarse en un sillón, con la espalda recta y apoyada en el respaldo de la silla. La razón es que, si no tenemos la espalda apoyada en el respaldo, estarán trabajando los músculos de la espalda y los hombros para mantener la postura, lo que puede alterar el valor de tensión arterial real aumentándolo.

También deben estar los pies apoyados en el suelo y sin cruzar las piernas, por la misma razón que en el caso anterior, para evitar trabajo de masas musculares grandes, lo cual puede alterar el valor de la tensión arterial real.

Y por último, el brazo en el que vamos a tomar la presión arterial debe colocarse en una superficie plana, como por ejemplo una mesa, y que el brazalete del dispositivo quede aproximadamente a la altura del corazón. De esta manera se eliminan distorsiones de la medición debidas a la fuerza de la gravedad con respecto a la altura del corazón.

3) Cómo usar el equipo de medición de la tensión arterial. Lo más recomendable es usar un dispositivo de medición automático de brazo. Los dispositivos de muñeca, al realizar la medición en vasos sanguíneos de menor grosor, pueden dar valores menos precisos que los realizados por equipos de brazo.

Hay manguitos de distintos tamaños. Debemos usar un manguito del tamaño adecuado al grosor de nuestro brazo. Si el manguito nos queda grande, requerirá mayor esfuerzo por parte del dispositivo. Y si el manguito nos queda pequeño, puede que no llegue a cerrar completamente el velcro, con lo que, al aumentar la presión del dispositivo, se puede abrir e invalidar la toma.

El brazalete ha de colocarse directamente sobre la piel del usuario, ya que si se coloca encima de alguna prenda de ropa, los sensores no podrán realizar su función de manera correcta, aumentando las probabilidades de dictaminar una lectura errónea.

4) Sugerencias a la hora de realizar la medición. Debemos tomar 2 o 3 lecturas, con una diferencia entre ellas de unos 2-3 minutos, y calcular el valor medio de las lecturas realizadas. Vamos a realizar un ejemplo práctico de cómo calcular los valores de manera más pormenorizada.

Supongamos que ya hemos realizado las recomendaciones previas a la medición comentadas en este artículo. Debemos proceder a tomar la tensión arterial 3 veces separadas por un intervalo de 2 o 3 minutos entra cada toma. En la primera medición obtenemos 142 en la tensión sistólica, comúnmente conocida como la máxima, y 85 en la tensión diastólica, conocida como la mínima. La tensión sistólica es la mayor presión con que bombea el corazón nuestra sangre, y la tensión diastólica es el menor valor de la tensión en nuestras arterias justo antes que el corazón realice otro bombeo. Pasados unos minutos, procedemos a realizar una nueva toma, que nos indica un valor de tensión sistólica de 138, y un valor de tensión diastólica de 79. Tras un par de minutos, realizamos una nueva medición, que nos indica el resultado de 139 para la tensión sistólica, y de 81 para la tensión diastólica.

Para calcular el valor medio de los resultados obtenidos, realizaremos la siguiente operación matemática: En el caso de la tensión sistólica, sumaremos los 3 valores obtenidos (142, 138 y 139), y el resultado (419) lo dividimos entre 3. Obtenemos como valor medio 139,67, que a efectos de números enteros es 140.

En el caso de la tensión diastólica, sumamos los 3 valores obtenidos (85, 79 y 81), y el resultado (245) lo dividimos entre 3, obteniendo como valor medio 81,67, que a efectos de números enteros es 82.

Así pues, la tensión arterial que presenta el paciente es de 140/82. Es decir, 140 de máxima ó tensión sistólica, y 82 de mínima ó tensión diastólica.

Esta es la forma adecuada de calcular los valores de tensión arterial. Cada día iremos anotando en un papel dichos valores, con el fin de comunicarlos al personal sanitario para comprobar la eficacia del control de las cifras tensionales del paciente.

Y como segunda recomendación sobre cómo realizar la medición, lo ideal es realizar la toma de la tensión a la misma hora del día aproximadamente. Esto se debe a que, a lo largo del día, el valor de la tensión arterial varía, subiendo por la mañana y bajando por la noche. De esta manera, al tomar la tensión todos los días a la misma hora, apreciaremos cambios en la tensión arterial debidos a cualquier causa.

5) Beneficios de la toma de la tensión arterial en el domicilio del paciente: Hay muchos pacientes que se ven intimidados en la consulta del personal sanitario, lo cual aumenta su nerviosismo y puede alterar los valores de la presión arterial, lo que se denomina como “hipertensión de bata blanca”. Al tomarse la tensión el paciente en su domicilio, en un ambiente agradable, sereno, las cifras medidas se corresponderán mejor con las reales.

Y conviene identificar al inicio de los controles de la tensión arterial, qué brazo del paciente presenta cifras tensionales más elevadas. Es frecuente que un brazo muestre cifras de presión arterial más elevadas que el otro. En estos casos, hay que tomar la tensión siempre en el brazo que indique las cifras de tensión más elevadas, para saber de manera efectiva los valores más elevados que soporta el sistema cardiovascular del paciente.

En resumen, la correcta toma de la tensión arterial se basa en 5 puntos:
Tomar la tensión sin haber tenido estímulos cardiovasculares en la media hora previa,
Sentados en una silla apoyando la espalda en el respaldo y el brazo sobre una mesa,
Con un dispositivo preferentemente de brazo, con un brazalete adecuado al grosor de nuestro brazo y con el brazalete directamente sobre la piel,
Calcular el valor medio de 2 o 3 mediciones realizadas con un intervalo de 2 o 3 minutos, y
Realizar la toma en casa, anotando los valores para después comunicarlos al personal sanitario que nos atiende.


 

lunes, 12 de enero de 2026

Artículo COLESTEROL 1 - ¿Qué es el colesterol?

Este es el primer artículo de la serie que vamos a dedicar al colesterol, esa sustancia que tanta mala prensa tiene para la salud. En esta serie de artículos daremos información y consejos para ayudar a controlar los niveles de colesterol en sangre que tantos quebraderos de cabeza puede llegar a darnos. Si usted tiene los niveles de colesterol elevados, o ha sufrido algún evento cardiovascular, o está preocupado por algún familiar que padece esta enfermedad, la información que contiene este artículo puede serle de gran interés.

Lo primero que queremos comentar es que el colesterol es una sustancia grasa natural. O sea, no es un veneno que aparece en nuestro cuerpo al ingerir algún alimento o cualquier otro tipo de sustancia. Y no sólo eso, sino que además, esta grasa es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro organismo, dado que es una sustancia presente en todas y cada una de las membranas celulares de nuestro cuerpo, sin las cuales las células no podrían diferenciarse unas de otras. La mala fama que tiene el colesterol deriva de los problemas cardiovasculares que pueden aparecer en los pacientes en caso de acumularse, cuando sus niveles son mayor de lo deseado, en las paredes de las arterias, aumentando el riesgo de padecer infartos, anginas de pecho o ictus. En sucesivos artículos de la serie abordaremos estos problemas y cómo tratar de evitarlos.

Pero además de esa función estructural en las membranas celulares, su presencia va a ser necesaria en otras funciones del organismo, que vamos a comentar a continuación.

Así, a partir del colesterol, nuestro hígado va a fabricar los ácidos biliares, que se almacenan en forma de bilis en la vesícula biliar, y que tienen un importante papel en la digestión de las grasas que ingerimos en nuestra dieta. También son necesarios para la absorción de determinadas vitaminas de carácter graso, como las vitaminas A,D,E y K, necesarias para el correcto funcionamiento del organismo.

Por otro lado, la molécula del colesterol va a ser necesaria para que el propio organismo genere una vitamina que cada vez está tomando más relevancia, fundamental para la buena salud de nuestros huesos, que no es otra que la vitamina D. El hígado toma como base la molécula del colesterol, y tras varias reacciones químicas, sintetiza una sustancia que se llama pro-vitamina D, que al ser transformada por la radiación solar, se convierte en vitamina D, la cual ayuda a generar masa ósea.

Además, las hormonas sexuales, esas sustancias que determinan los rasgos sexuales en un individuo durante toda su vida, son también sintetizadas en una serie de reacciones químicas basadas en la molécula del colesterol. Estas hormonas sexuales van a determinar una serie de rasgos personales como las masas muscular y ósea, los rasgos propios de cada sexo como el crecimiento de la barba en los hombres y de las mamas en las mujeres, el deseo sexual, aspectos particulares de la fertilidad, etc.

Y por último, el colesterol también es necesario para la síntesis de las hormonas tiroideas, las cuales regulan una gran cantidad de procesos en nuestro organismo, y así, mantienen un control del metabolismo energético en procesos como la quema de calorías y la regulación de la temperatura corporal, influyen en la salud cardiovascular al regular el ritmo cardíaco y la presión arterial, y promueven el crecimiento y el desarrollo del sistema músculo-esquelético.

En resumen, el colesterol es una sustancia grasa natural, imprescindible para la vida tal y como la conocemos, que forma parte de las membranas celulares de todas y cada una de las células de nuestro organismo, y cuya presencia va a ser necesaria para la generación de sustancias de gran importancia en funciones generales del cuerpo, como los ácidos biliares, la vitamina D, las hormonas sexuales y las hormonas tiroideas.